La comunidad menonita de Nueva Esperanza, ubicada en las cercanías de Guatraché, provincia de La Pampa, se encuentra sumida en el dolor tras un accidente doméstico que terminó con la vida de una niña de apenas cinco años. El hecho ocurrió durante la noche del domingo, cuando la menor se encontraba ingiriendo semillas de girasol y sufrió una asfixia por aspiración de un cuerpo extraño. La situación desencadenó un operativo de emergencia civil que, lamentablemente, no bastó para salvarle la vida debido a la gravedad del cuadro y la distancia hacia los centros de salud de mayor complejidad.
La Justicia pampeana tomó intervención inmediata a través de la Fiscalía de la III Circunscripción Judicial, con asiento en General Acha. La fiscal Virginia Antón confirmó que el ingreso de la pequeña al Hospital de Alpachiri se registró a las 23:15 horas. Al momento de su llegada, la niña presentaba signos vitales debilitados, lo que motivó un esfuerzo desesperado por parte del equipo de guardia para estabilizarla. No obstante, tras casi una hora de procedimientos médicos, se constató su fallecimiento.
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El desesperado traslado y la atención médica
El episodio comenzó en el seno del campo familiar dentro de la colonia. Al notar que la niña presentaba dificultades extremas para respirar, sus allegados intentaron asistirla de manera rudimentaria. Ante la falta de respuesta, solicitaron el auxilio de un taxista que reside y presta servicios dentro de la propia comunidad de Nueva Esperanza. El conductor emprendió un viaje de urgencia recorriendo aproximadamente 35 kilómetros por caminos rurales y rutas provinciales hasta alcanzar la localidad de Alpachiri.
El trágico incidente ocurrió mientras la familia exploraba campos en la provincia vecina con la intención de expandir sus emprendimientos agrícolas
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Al arribar al centro de salud, el panorama era crítico. Los profesionales que la recibieron describieron que la menor se encontraba inconsciente, con una palidez marcada y un pulso casi imperceptible. De inmediato, se iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y técnicas de despeje de vías aéreas. Los médicos trabajaron de forma ininterrumpida durante 40 minutos, pero la obstrucción mecánica impidió que el oxígeno llegara a los órganos vitales por un tiempo prolongado, volviendo irreversibles los daños sufridos.
Resultados de la autopsia e investigación
Si bien la sospecha inicial de los profesionales de salud apuntaba al atragantamiento, la justicia ordenó la realización de una autopsia para descartar cualquier otra causal y otorgar certeza científica al expediente. El examen forense se llevó a cabo en la mañana de este lunes y estuvo a cargo de una especialista de la Agencia de Investigación Científica (AIC).
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El informe definitivo de la médica forense ratificó la hipótesis principal: la causa del deceso fue una asfixia mecánica por obstrucción de las vías aéreas por un cuerpo extraño. Este resultado permitió a la fiscalía avanzar en las actuaciones de rigor, aunque todo indica que se trató de un infortunio accidental. La investigación ahora se centra en reconstruir la cronología del hecho para establecer si existieron dilaciones en el pedido de auxilio o si la asistencia inicial fue la adecuada dada la idiosincrasia y las limitaciones de comunicación de la colonia.
Un antecedente trágico en la comunidad
Este nuevo fallecimiento golpea a una comunidad que todavía no lograba recuperarse de un golpe previo. Hace apenas tres meses, en noviembre de 2025, la colonia de Nueva Esperanza sufrió la pérdida de tres de sus integrantes en un accidente en el río Negro. En aquella oportunidad, Jacobo Neufeld, junto a sus hijos David (20) y Ana (16), murieron ahogados tras ser arrastrados por la corriente en la zona de Negro Muerto.
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Aquel incidente ocurrió mientras la familia exploraba campos en la provincia vecina con la intención de expandir sus emprendimientos agrícolas. La joven Ana ingresó al agua para refrescarse y, al ser succionada por un remolino, su padre y su hermano se lanzaron en un intento de rescate que terminó en tragedia para los tres. La repetición de hechos fatales en un período tan corto de tiempo generó una profunda consternación no solo entre los menonitas, sino también en las localidades pampeanas que mantienen un vínculo comercial constante con ellos.
La vida en la Colonia Nueva Esperanza
Los menonitas llegaron a La Pampa a finales de 1986, procedentes de México, buscando tierras donde pudieran desarrollar su estilo de vida basado en la agricultura, la religión y el rechazo a gran parte de la tecnología moderna. Se establecieron en un predio de 10.000 hectáreas que pertenecía a las antiguas estancias Remecó. Desde entonces, fundaron una estructura social autosuficiente donde se destacan por su producción de quesos, silos, muebles de madera y el trabajo metalúrgico.
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A pesar de su aislamiento cultural voluntario, la colonia interactúa con los pueblos vecinos como Guatraché y Alpachiri para servicios esenciales, especialmente en materia de salud de emergencia. Este último caso reavivó el debate sobre las distancias y los tiempos de respuesta en las zonas rurales profundas de la provincia, donde unos pocos minutos suelen marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
