Mujeres que tal vez sin saberlo protagonizan la resistencia en el silencio de sus hogares, criando hijos e hijas, limpiando casas ajenas, participando en un grupo a pesar de tener que dejar el pan hecho para cuando llegue el esposo; o la que se escapa por la ventana para realizar una actividad que no le está permitida. O la que quiere ir a la escuela porque no puede unir las letras para leer un texto; en mis amigas que realizan un abanico de actividades que las hacen sentir bien; las que nadan en las frías aguas del mar, las que juegan Newcon, las que militan en defensa de nuestros derechos.
Pensé en mi madre que es bisabuela…pensé en mí que soy abuela, madre, profesional, trabajadora…
Lo cierto es que hoy no podemos definir el ser mujer de manera homogénea, las vemos transitar universos diversos, dinámicos, en un punto impensado hace décadas atrás desafiando modelos conservadores.
La historia de los prisioneros ingleses que estuvieron arrestados en Comodoro durante la Guerra de Malvinas
Por ello, en el Día internacional de la Mujer trabajadora propongo ampliar la mirada sobre la diversidad del universo en que se desarrolla la vida de la mujer y el protagonismo que tiene en la sociedad más allá de la edad cronológica.
Particularmente me interesa hacer hincapié en la vejez y el rol asignado de ser abuela. Tal vez una de las asociaciones más arraigadas en el imaginario social cuando hablamos de mujeres mayores es pensarlas en el rol de abuelas como si este fuera el único rostro de la vejez femenina. No todas somos abuelas y aún siendo no se pueden anular bajo esa figura proyectos, militancias, trayectorias…deseos.
Odisea, quiero construir mi casa: ¿Cuánto aumentaron los materiales y la mano de obra?
Pensemos en la vejez como una construcción socio cultural donde existen mitos y prejuicios que configuran estereotipos estigmatizantes, o sea formas de ver y pensar sobre la vejez y las personas mayores.
Entonces esta diversidad, este protagonismo de la mujer adulta es una conquista de derecho, que de alguna manera ponen en tensión la mirada tradicional de la abuelidad.
La presencia amable y afectiva que encierra el mote de abuela para una sociedad patriarcal reconfigura el mandato de cuidado y disponibilidad permanente, lo cual no resulta casual ni mucho menos inocente, es la evidente desigualdad que se condensa en dos categorías género y edad.
A lo largo de la historia a la mujer se le han asignado tareas de cuidado, tareas domésticas que se dan en el ámbito privado y al hombre se lo ubicó en lugar de proveedor ocupando el espacio de lo público. La división de tareas se ha organizado bajo el paraguas de la división sexual del trabajo. Esta situación sostenida en el tiempo ha moldeado trayectorias de vida y aun en nuestros días sigue siendo motivo de fuertes disputas.
La joven que es de Comodoro, tiene 21 años y recorre el mundo bailando tango profesional
La resistencia ejercida por mujeres ha logrado achicar la brecha de la desigualdad ampliando derechos. Las mujeres adultas mayores han sido parte de procesos de resistencia en algunos casos desde la trinchera criando hijas e hijos con valores de igualdad, saliendo a trabajar fuera del hogar, participando de espacios grupales o comunitarios, iniciando trayectos escolares.
Por ello, este 8 de marzo reivindicamos a las mujeres adultas mayores que han dado lucha en el silencio de lo cotidiano. Lucha que tiene el mismo sentido y valor político que la que ocupa las calles, porque ambas transforman realidades. Reconocemos en la abuelidad un vínculo profundo, significativo e inconmensurable, pero en sí mismo no define el SER MUJER adulta mayor. Porque su identidad se construye a partir de su trayectoria de vida superando cualquier rol asignado.
