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Lejos del modelo australiano: la Argentina perdió participación en las exportaciones globales

La Argentina perdió participación en varios mercados globales de exportación en los últimos 15 años y continúa lejos de un modelo de inserción internacional como el de Australia. Así lo advirtió un informe del economista Jorge Vasconcelos, del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea, que analizó la evolución reciente del comercio exterior argentino y la comparó con la experiencia de ese país.

El trabajo señaló que, mientras Australia consolidó su presencia en distintos rubros del comercio mundial, el país registró retrocesos en sectores clave de su estructura exportadora. Uno de los ejemplos más claros fue el de la agroindustria, cuya participación en el mercado global pasó de 2,33% en 2010 a 1,41% en 2024.

La tendencia también se observó en minería e hidrocarburos, donde el market share cayó de 0,33% a 0,25% en el mismo período. Incluso con el desarrollo de Vaca Muerta, que empezó a reflejarse en las estadísticas de inserción internacional del país, la presencia argentina en el comercio global de energía siguió siendo relativamente limitada.

La Argentina perdió participación en varios mercados globales de exportación desde 2010, con caídas en agroindustria, energía e industria.

El retroceso también alcanzó a distintos sectores industriales. Las exportaciones de textiles y maquinaria mostraron participaciones prácticamente marginales en el mercado mundial, con cuotas cercanas a 0,02% y 0,03%, respectivamente. La principal excepción dentro de las manufacturas fue la de vehículos automotores, que mantuvo un market share de 0,31%, asociado en gran parte a la producción de pickups.

La comparación con Australia permitió dimensionar esa brecha. Ese país concentró 6,23% de las exportaciones mundiales de minería e hidrocarburos y 2,19% del mercado global de oro y piedras preciosas, pero al mismo tiempo sostuvo participación en sectores industriales como textiles (0,38%) y maquinaria (0,28%).

Las diferencias también se observaron en el terreno de los servicios exportables, que incluyen turismo e industrias del conocimiento. Australia capturó 0,56% del comercio mundial de servicios, mientras que la Argentina apenas alcanzó 0,11%, pese a contar con una población mayor.

Otro indicador que ilustró la distancia entre ambos países fue el de exportaciones por habitante de recursos naturales. En Australia esa cifra rondó los US$13.000 por año, mientras que en la Argentina se ubicó en torno a US$1200.

Para Vasconcelos, parte de la explicación de este rezago estuvo vinculada con las distorsiones acumuladas en la economía argentina durante los últimos años. En particular, el informe señaló el impacto de 15 años de cepos cambiarios que redujeron los incentivos a la inversión y a la modernización tecnológica de muchas empresas. Según el economista, “los cepos fueron un período en el que los gerentes financieros prevalecían sobre los ingenieros de planta”.

Ese proceso coincidió con una caída de la productividad y con una menor inserción del país en los mercados globales. Las estadísticas mostraron que las exportaciones argentinas de bienes y servicios, que en 2025 rondaron los US$104.000 millones, se ubicaron todavía 26% por debajo del nivel registrado en 2011, antes de la instauración de los controles cambiarios.

Australia consolidó su presencia en el comercio mundial, con fuerte liderazgo en minería e hidrocarburos y participación también en sectores industriales.

El informe también advirtió que el proceso de apertura económica que intenta impulsar el Gobierno enfrenta desafíos importantes. Aunque la agenda de reformas avanzó con mayor claridad en el frente fiscal y en la estabilización monetaria, todavía persistieron interrogantes sobre los instrumentos y la velocidad con la que debería avanzar una mayor integración al comercio internacional.

En ese sentido, Vasconcelos subrayó que “el timing en el proceso de apertura es muy relevante, lo mismo que la consistencia del combo de políticas (macro y micro)”. La experiencia de Australia —que llevó adelante una apertura gradual y sostenida durante varias décadas— mostró que el proceso puede generar ganancias de productividad si se acompaña con reglas de juego estables y consensos políticos duraderos.

Según el informe, algunos sectores de la economía argentina mostraron potencial exportador y todavía no desplegaron todo su crecimiento posible. Pero para aprovechar esas oportunidades será clave mejorar la productividad, la competitividad y la estabilidad macroeconómica, además de avanzar en reformas pendientes en materia tributaria, logística y regulatoria.

En ese contexto, la comparación con Australia funciona como una referencia sobre el tipo de inserción internacional que podría aspirar a construir la Argentina, pero también como un recordatorio de la distancia que todavía separa a ambas economías en términos de capacidad exportadora y presencia en el comercio mundial.

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