En 1833, un grupo de gauchos liderados por Antonio Rivero se sublevó contra la administración británica en las Islas Malvinas, en un hecho que es recordado como un antecedente de la disputa de soberanía.
En el marco de los sucesos históricos vinculados a las Islas Malvinas, el episodio protagonizado por Antonio Rivero en 1833 ocupa un lugar destacado. Tras la ocupación británica del 2 de enero de ese año, las condiciones para los trabajadores criollos en el archipiélago se volvieron difíciles.
El 26 de agosto de 1833, Antonio Rivero, un gaucho oriundo de Entre Ríos, junto a un grupo de siete compañeros, se sublevó en Puerto Soledad. El grupo, armado precariamente, tomó el control del asentamiento, arrió la bandera británica e izó la bandera argentina.
Este control se mantuvo por aproximadamente cinco meses, hasta enero de 1834, cuando la fragata HMS Challenger arribó con tropas británicas que lograron capturar a los sublevados. Los gauchos fueron trasladados para ser juzgados, primero en las islas y luego en Londres.
Un aspecto relevante del caso, según registros históricos, es que los tribunales británicos en Londres se declararon incompetentes para juzgarlos, argumentando que los hechos habían ocurrido fuera de los dominios de la Corona. Tras ser liberados en Montevideo, Rivero regresó al continente.
Posteriormente, Antonio Rivero formó parte del ejército de la Confederación Argentina y participó en la batalla de la Vuelta de Obligado en 1845, donde perdió la vida enfrentando a una flota anglofrancesa.
La historia de Rivero es frecuentemente citada en el contexto del reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, como un ejemplo de resistencia temprana a la administración británica establecida en 1833.
