La misa central de Pascua se celebró con acceso limitado en la Basílica del Santo Sepulcro debido a medidas de seguridad implementadas por Israel, generando reacciones de la comunidad religiosa local.
La tradicional celebración de Pascua en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén se desarrolló este año bajo estrictas restricciones de acceso. El cardenal Pierbattista Pizzaballa ofició la misa ante un grupo reducido de religiosos, luego de que el gobierno israelí limitara el ingreso al lugar por motivos de seguridad, en el contexto de las tensiones regionales.
La ceremonia, que normalmente congrega a miles de fieles, contó con la presencia de apenas una veintena de frailes y residentes del complejo ubicado en la Ciudad Vieja de Jerusalén Este. Numerosos creyentes que se acercaron al templo portando palmas, cruces y velas no pudieron ingresar debido al operativo policial desplegado.
Al ingresar al templo, el cardenal Pizzaballa expresó «¡Felices Pascuas!», y reflexionó sobre el significado del momento: «no nos encontramos ante un símbolo, nos enfrentamos a un vacío real», en referencia al cierre prolongado del sitio sagrado.
Esta restricción se produce días después de un episodio similar durante el Domingo de Ramos, cuando las fuerzas de seguridad impidieron el ingreso del propio cardenal. Desde el Patriarcado Latino de Jerusalén calificaron la situación como «un desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo», señalando que se trata de una situación sin precedentes en siglos.
El gobierno israelí, encabezado por Benjamín Netanyahu, justificó las medidas por razones de seguridad vinculadas al contexto regional. La decisión generó cuestionamientos a nivel internacional y obligó a revisar parcialmente las restricciones.
En ese contexto, el cardenal también reflexionó sobre el sentido de la Pascua: «La Pascua comienza así: no con una explicación, sino con una ruptura. No con emoción, sino con una pregunta desorientadora». La celebración, marcada por las restricciones y la ausencia de fieles, refleja el impacto del conflicto en la vida religiosa de la región.
